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Tema - Teatro
ISBN:
978-956-00-0451-2
Formato:
16x21 cms.
Nº de páginas:
164
Peso:
0,320000
Año de publicación:  
2013
precio normal: $9.800 CLP
en linea: $9.000 CLP
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Juan Radrigán Juan Radrigán Teatro I
 Este volumen reúne tres obras que surcan la muerte. En Amores de cantina un grupo de hombres y mujeres intenta afrontar su desolación a través del alcohol y las canciones, pero los recuerdos de amores crueles los carcomen y atormentan. ¿Están vivos o muertos quienes han convertido su vida en una repetición del dolor? Las tinieblas, entonces, se extienden sobre los desencantados que apenas sobreviven.
Es precisamente esto lo que les ocurre a los tres personajes de Informe para nadie. Luego de una hecatombe que acabó con la civilización, Isidro, Eloísa y Martín discuten si vale o no la pena perpetuar a la especie humana. Solos, inmersos en la oscuridad y cobijados por un manzano, se alimentan día tras día del fruto de la discordia. “¿Dónde está Dios para que nos perdone o acabe con nosotros?”, se preguntan. Al parecer Él nunca estuvo, o tal vez renunció para volver a su origen: el caos y la nada.
Entonces no hay tregua para los vivos ni para los muertos. Si hasta podrían desalojarlos de sus tumbas  –tal como sucede en Ceremonial del macho cabrío–  y condenarlos a una eternidad ambulante por los patios de algún cementerio, o arrojarlos al hueserío, que es la aniquilación total. ¿Y la salvación prometida? Frente al clamor de un puñado de muertos confundidos adviene un nuevo Cristo. Él deberá debatirse entre guiar o no a su pueblo hacia un Dios que hace rato decidió no saber nada más del mundo.
En el teatro de Juan Radrigán habitan la marginalidad y el despojo, pero no el abatimiento. El lenguaje del autor, embebido del habla cotidiana de los chilenos, crea realidades y personajes conmovedores, pendulares entre la risa y la pena, que nos recuerdan que la vida se puede construir y destruir a carcajadas o lamentaciones. Cada uno elige. Es así como estas tres obras no tienen como destino la rendición, sino el alzamiento: pese a todo estamos vivos, entonces recojamos y carguemos nuestros leños, para luego encender y avivar los fuegos.