Los poetas bajaron del Olimpo, pero Nicanor Parra jamás estuvo allí

Señoras y señores
ésta es nuestra última palabra
-nuestra primera y última palabra-.
Los poetas bajaron del Olimpo.

Con tono perentorio e insoslayable, Nicanor Parra, en su poema “Manifiesto”, dejó en claro, ante el mundo, que su postura como poeta iba a estar siempre fuera de control y que escarbaría en las cosas simples, en los lugares comunes y en el lenguaje desgastado por el uso, que se cree desprovisto de alma por su utilitarismo y cotidianidad; que ante todos esos artefactos y modos del diario vivir, les sacaría a tirones el disfraz a las cosas y encontraría en las palabras secas y vacías un nuevo modo de hacer poesía. Este hombre multifacético, matemático, físico, con estudios en mecánica avanzada en la Brown University, Estados Unidos, y en cosmología en Oxford, Inglaterra, se transformó en el antipoeta más reconocido en el mundo (varias veces postulado al Nobel de Literatura), obteniendo los premios más importantes, tanto en Chile (Premio Nacional de Literatura 1969) como en el mundo hispano (Premio Cervantes 2011 y Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2012). Al recibir la noticia de este galardón, comentó con el humor de su propia antipoesía: «No es la primera vez que me dan un premio que no merezco y espero que no sea la última (…) Me querellaré contra quienes resulten responsables».

LOM ediciones lo tuvo con orgullo y privilegio en su catálogo de poesía con su notable antología Un puñado de cenizas. Antología 1937-2001.

Nicanor Parra nos ha dejado, atravesando el largo camino de un siglo, y tal vez cuando leamos estos versos lo recordemos conociendo gente, riéndose, dibujando, y como el poeta que nunca supo la dirección del Olimpo, porque no le interesó buscarla…

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario…