La muerte de “un viejo comunista” A sus 74 años de edad, el lunes 5 de enero, muere el ex dirigente comunista Humberto Arcos.

     
La muerte de “un viejo comunista”

El lunes 5 de enero a sus 74 años de edad muere el ex dirigente comunista Humberto Arcos, quién dirigió  el PC en Chile entre 1976 a 1979. Arcos fue el autor de “Autobiografía de un viejo comunista chileno” editado por LOM en 2013.

 “Aunque algunas veces usé otros, mi nombre legal es Humberto Arcos Vera. Nací el 22 de diciembre de 1941 en Valdivia. Mala fecha para nacer. Nunca recibí regalos de cumpleaños, solo recibía los de Navidad.” Así comienza el libro.

Humberto creció en el seno de una familia de obreros comunistas. A los 9 años empezó a trabajar como soldador y, alrededor de los 20 años, ya formaba parte de las Juventudes Comunistas siendo por entonces dirigente sindical. Después del golpe de Estado de 1973 estuvo preso en Chillán, Chacabuco, Puchuncaví y Tres Álamos y, en 1975, pasó a la clandestinidad. Posteriormente, tras el regreso de algunos miembros del Comité Central a Chile, a comienzos de los 80, se reincorporó al trabajo sindical. Y siguió en eso, aunque ya sin militar, hasta bien entrados los 2000.

En el libro, el viejo comunista, nos relata que luego de que las dos direcciones clandestinas del Partido Comunista fueran masacradas por la DINA en mayo y diciembre de 1976, un militante de Valdivia que se hacía llamar Santiago (quien era en realidad el mismo Humberto Arcos) asumió la tarea de reorganizar a los distintos frentes para que trabajaran en un objetivo común: “derrocar a la dictadura”. Según él, la nueva Dirección se había instalado en la Unión Soviética y transmitía  instrucciones que poco y nada tenían que ver con la situación que vivía el país. Así es que Santiago decidió enviar a un emisario con un par de mensajes, el más importante, que “los militantes en Chile se estaban muriendo de hambre”. La misión fue un éxito y el hombre regresó con toda una red clandestina para internar la ayuda internacional. Un año después, en 1978, otro militante viajaba a Moscú en su representación, esta vez para discutir acerca de los plenos y la conformación del Comité Central que no incluía a nadie “del interior”. Los dirigentes “del exterior” volvieron a mostrarse comprensivos, pero en 1979 otra serie de decisiones tomadas “sin consultar” llegaba desde la URSS por radio. Entonces Santiago decidió enviar al mejor de sus hombres.

Humberto llegó a Moscú a mediados de 1979 dispuesto a concretar la formación de un solo partido y una sola dirección, y durante varios días tuvo que soportar las duras palabras que los dirigentes usaban para referirse a su jefe: Santiago era un prepotente y un dictador; un hombre que no tenía límite para inmiscuirse en las cosas ajenas. Un tipo que creía que se mandaba solo y al que, para colmo, nadie había visto. Entonces Humberto Arcos, el narrador de esta Autobiografía, decidió salir en su defensa y declarar: “Camaradas, el compañero Santiago soy yo”.